El tiempo y la vida. El duo usurero
Los usureros del tiempo y la vida
Por Carmen de Lourdes Almeida Villamar
Ayer, mientras viajaba a Solca para recibir mi
radioterapia, pasé por una calle que guarda una dirección de mi infancia. No sé
por qué, pero al cruzarla, mi alma se hizo nudo. Vinieron recuerdos como
ráfagas: tristes, alegres, rostros que ya no estaban. Y mis ojos se llenaron de
lágrimas.
Pensé en lo que es la vida. Pensé en el tiempo. Y en
cómo ambos caminan juntos, como dos compañeros inseparables.
Pero también como dos usureros.
Sí, usureros. Porque en la juventud te dan todo:
energía, sueños, belleza, oportunidades. Y si estás bien guiado, puedes
convertir ese capital en éxito, en amor, en propósito.
Pero si no… el mismo tiempo puede llevarte al fracaso, a los vicios, a las
malas decisiones.
En ese tiempo-vida se define tu carácter, tus
costumbres, tu don de gente.
O se destruye todo lo que eres.
Dios está sobre todo esto, claro. No obstante, él no decide por nosotros. Solo nos da la
alternativa de elegirlo.
Y cuando llegan los llamados “años dorados”, para
algunos sí lo son.
Para otros, son años de desesperación. Porque el usurero tiempo viene a cobrar
lo que te dio.
Ahí empieza la lucha. Si viviste con sabiduría, quizás
tengas paz, amor, satisfacciones. Pero no siempre es así.
He conocido personas buenas, dedicadas, esforzadas… Con hijos malagradecidos.
¿Dónde fallaron? No lo sé. Solo espero no estar haciendo lo mismo.
También he visto a quienes el tiempo les cobra cada
minuto desperdiciado.
Algunos terminan en las calles. Otros en las cárceles.
Y entonces me pregunté:
¿Qué debo hacer yo?
Tal vez ahora solo vivir. Y esperar mi recibo de
vuelta.
Pero si tú estás a tiempo, Dios aún espera.
Yo sé que mi alma está a salvo. Creo en sus promesas. “El que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene
vida eterna; y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida.”
— Juan 5:24
Pero sus promesas, para recibirlas, hay que vivir como Él nos lo pide.
Recuerda esto:
Los usureros del tiempo y la vida estarán contigo mientras tengas aliento.
Sepamos usar lo que nos dan.
Practiquemos la solidaridad, la empatía, el amor… Y el desapego.
Porque
aunque el tiempo y la vida nos cobren, Dios nunca abandona al justo.
“Joven fui, y he envejecido,
Y no he visto justo desamparado,
Ni su descendencia que mendigue pan.”
— Salmos 37:25

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