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El tiempo y la vida. El duo usurero

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  Los usureros del tiempo y la vida Por Carmen de Lourdes Almeida Villamar Ayer, mientras viajaba a Solca para recibir mi radioterapia, pasé por una calle que guarda una dirección de mi infancia. No sé por qué, pero al cruzarla, mi alma se hizo nudo. Vinieron recuerdos como ráfagas: tristes, alegres, rostros que ya no estaban. Y mis ojos se llenaron de lágrimas. Pensé en lo que es la vida. Pensé en el tiempo. Y en cómo ambos caminan juntos, como dos compañeros inseparables. Pero también como dos usureros. Sí, usureros. Porque en la juventud te dan todo: energía, sueños, belleza, oportunidades. Y si estás bien guiado, puedes convertir ese capital en éxito, en amor, en propósito. Pero si no… el mismo tiempo puede llevarte al fracaso, a los vicios, a las malas decisiones. En ese tiempo-vida se define tu carácter, tus costumbres, tu don de gente. O se destruye todo lo que eres. Dios está sobre todo esto, claro. No obstante, él no decide por nosotros. Solo nos da la altern...

Relaciones Rotas.

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  Entre el veneno de la revancha y el bálsamo del perdón. Introducción Cuando el amor está vivo, las virtudes de la pareja brillan. Las imperfecciones se suavizan, se justifican, se pasan por alto. Pero cuando llega la ruptura —especialmente si hay traición o abandono—, ocurre algo casi mágico y cruel: las memorias dulces se borran, y lo negativo se amplifica. Es como si el corazón, herido, activara un mecanismo de defensa que convierte el dolor en rabia, y la decepción en revancha. Pero ese mecanismo, lejos de protegernos, nos encierra en una cárcel emocional. Aquí se dan dos escenarios. Escenario 1: La revancha como respuesta En este escenario, la persona herida se convierte en verdugo. Se destruye lo que se construyó. Se planea en contra del otro. Se habla mal, se manipula, se castiga. Pero lo más doloroso es que ese veneno no envenena al otro… sino a quien lo produce. La rabia sostenida se convierte en enfermedad emocional. Y muchas veces, en el intento de ...
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Orejas: El compañero que me enseñó a renacer Orejas, un perro cocker que rescaté, llegó un poco antes de que mi vida empiece a desmoronarse. No fue solo un perro: fue consuelo, fue pausa, fue hogar. En su mirada había una sabiduría que no necesitaba palabras. Acompañó silencios, vigiló sueños, y caminó junto a mí en cada duelo, en cada intento de volver a empezar. Su historia no se cuenta en hazañas, sino en gestos: el modo en que se acomodaba cerca cuando el dolor apretaba, cómo entendía sin preguntar, cómo envejecía con dignidad, enseñándome que el amor verdadero no teme a la fragilidad. Orejas fue testigo de mis renacimientos, y de mi enfermedad, y también protagonista de los suyos. Cada capítulo de su vida fue una lección: la llegada inesperada, la adaptación, la enfermedad, la vejez, la despedida. Pero también la ternura, la paciencia, la alegría de lo simple. En él aprendí que el tiempo compartido no se mide en años, sino en instantes que dejan huella. Escribí un libro a su memor...

La falta de arrepentimiento

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La falta de arrepentimiento: el espejo que el ego evita . La falta de arrepentimiento— es un tema profundo, delicado, y muy humano. Lo que duele no es solo el error cometido, sino la negación del daño, el silencio del alma que se niega a mirar su reflejo. El arrepentimiento no es debilidad. Es la puerta al cambio. Pero cuando el ego toma el volante, nos convence de que reconocer el error es perder poder… Cuando en realidad, es recuperar humanidad. Mensaje para quienes no se arrepienten (y para quienes sufren por ello) “No arrepentirse no es fortaleza. Es miedo disfrazado de orgullo. Es cerrar los ojos frente al espejo. Creyendo que si no lo ves… no existe.” A quienes viven en esa negación, podríamos decirles: El arrepentimiento no te humilla. Te libera. No reconocer el daño, no lo borra. Lo perpetúa. El alma que no se arrepiente se estanca. Y el estancamiento es el terreno fértil del sufrimiento. Para quienes sufren por la falta de arrepenti...

La incertidumbre

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 La Casa Sin Puertas Hay días en los que todo parece cerrado. Las decisiones pesan, el miedo se instala, y la incertidumbre se vuelve un cuarto sin luz. En uno de esos días, nació esta historia. Una fábula que no busca respuestas, sino compañía. Una historia que me recordó que, incluso cuando no hay puertas… aún podemos abrir ventanas. La Casa Sin Puertas Una fábula sobre la incertidumbre, la esperanza y el poder de mirar hacia adentro. En lo alto de una colina donde el viento parecía susurrar secretos, había una casa muy peculiar. No tenía puertas. Solo ventanas. Grandes, pequeñas, redondas, cuadradas… pero ni una sola puerta. La gente del pueblo decía que quien vivía allí debía estar atrapado. Pero dentro de la casa vivía una mujer llamada Lía. Lía no estaba atrapada. Estaba esperando. Cada mañana, se acercaba a una ventana distinta. Algunas daban al bosque, otras al mar, otras a la nada. Y cada vez que miraba, sentía algo diferente: — A veces esperanza. — A v...

Perseverancia

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  “Cuando el alma sabe cuándo insistir… y cuándo soltar” La perseverancia es el esfuerzo constante para alcanzar las metas, y la determinación de seguir adelante a pesar de las dificultades. No obstante, n o es simplemente insistir, es discernir cuándo avanzar, cuándo esperar… y cuándo soltar. “Persevera el sabio, insiste el necio” Existen diferencias entre perseverar y simplemente insistir. La perseverancia sabia tiene  propósito y sentido interior. Escucha los tiempos y señales. Está guiada por fe, esperanza y aprendizaje. Produce fruto (aunque tarde). La insistencia necia surge  del ego, el miedo o la necesidad de control. Ignora obstáculos o advertencias. Está guiada por terquedad o apego. Agota, bloquea o genera frustración. Para meditar. “Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero su fin es camino de muerte.” — Proverbios 14:12 Fábula.   “El ave que insistía con las alas cerradas” Había una vez, en un valle envuelto por nieblas sua...