Relaciones Rotas.
Entre el veneno de la revancha y el bálsamo del perdón.
Introducción
Cuando el amor está
vivo, las virtudes de la pareja brillan. Las imperfecciones se suavizan, se
justifican, se pasan por alto. Pero cuando llega la ruptura —especialmente si
hay traición o abandono—, ocurre algo casi mágico y cruel: las memorias
dulces se borran, y lo negativo se amplifica.
Es como si el corazón,
herido, activara un mecanismo de defensa que convierte el dolor en rabia, y la
decepción en revancha. Pero ese mecanismo, lejos de protegernos, nos
encierra en una cárcel emocional. Aquí se dan dos escenarios.
Escenario 1: La revancha como respuesta
En este escenario, la
persona herida se convierte en verdugo.
- Se destruye lo que se construyó.
- Se planea en contra del otro.
- Se habla mal, se manipula, se castiga.
Pero lo más doloroso
es que ese veneno no envenena al otro… sino a quien lo produce.
La rabia sostenida se convierte en enfermedad emocional.
Y muchas veces, en el intento de hacer daño, se pierde la paz, la salud, la
dignidad.
Escenario 2: El rescate de lo bueno
Hay otra posibilidad.
Más difícil, más lenta, pero más sanadora.
Es la de quien, a pesar del dolor, decide recordar lo bueno.
No para justificar el daño, sino para honrar lo vivido.
Especialmente cuando hay hijos, esta actitud puede marcar la diferencia entre
una infancia rota y una infancia resiliente.
Recordar lo bueno no
significa negar el dolor.
Significa no permitir que el dolor borre la humanidad del otro.
Testimonio: 18 años de duelo invisible
Yo lo viví.
Durante 18 años cargué con un dolor que me acompañaba como sombra.
Mientras la otra persona rehacía su vida, yo me quedé atrapada en la herida.
No por falta de amor propio, sino por no saber cómo soltar.
Y un día entendí:
El perdón no es para el otro. Es para mí.
No perdoné porque me pidieran perdón.
Perdoné porque ya no quería seguir perdiendo tiempo de vida.
No volví a tener
pareja.
Pero hoy sé que ese tiempo pudo haber sido más feliz si hubiera soltado antes.
Consejo para padres en medio de la ruptura
No envenenes el
corazón de tus hijos con tus heridas.
Ellos no son responsables de tu dolor, ni deben cargar con tu resentimiento.
Cada palabra que digas sobre su padre o madre será una semilla en su alma.
Y un día, esa semilla crecerá… en forma de rabia, confusión o tristeza.
Nunca aconsejes a tus
hijos a odiar, vengarse o rechazar la nueva familia que forme papá o mamá.
Enséñales humildad, gratitud y respeto.
Muéstrales que, aunque la relación terminó, el amor por ellos permanece.
Eso les dará paz. Eso les dará equilibrio. Eso les dará fuerza.
Versículo bíblico que acompaña esta reflexión
“Sobre toda cosa
guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.”
Proverbios 4:23
Este versículo nos
recuerda que el corazón es fuente de vida.
Si lo llenamos de odio, enfermamos.
Si lo llenamos de perdón, florecemos.
Reflexión final
Las rupturas duelen.
Pero lo que más duele no es la separación…
Es lo que hacemos con ese dolor.
La revancha parece
justicia, pero es castigo.
El perdón parece debilidad, pero es libertad.
Hoy, cuando veo tantas
personas destruyéndose tras una ruptura, quisiera decirles:
“No te hagas daño por quien ya no está.”
Hazte bien por quien aún vive en ti.”
¿Te gustaría que este
texto lo convierta en una entrada para tu blog, una publicación para Facebook o
incluso una charla para mujeres que atraviesan rupturas? También podemos
acompañarlo con una frase ilustrada como:
“El perdón no borra el pasado.” Pero te devuelve el presente.”
Carmen de Lourdes.
#RelacionesRotas #PerdonQueLibera #CarmenEsLuz #FrasesQueSanan #TestimonioConAlma #BlogConPropósito #RevanchaNoEsSanación

Comentarios
Publicar un comentario